Cuida tus palabras
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No fui llamado para vivir en esclavitud
No fui llamado para vivir en esclavitud en ningún ámbito de tu vida, ¡porque a libertad te llamó el Señor!

La gloria de Dios
No aguardes a que las condiciones ideales se presenten, sino dedícate a buscar la gloria de Dios en todo momento y en cada situación.

Mi corazón me está engañando
¿Haz pensado alguna vez: mi corazón me está engañando? Nuestro corazón, ese lugar profundo y complejo, tiene una asombrosa capacidad para engañarnos.
Cuida tus palabras
Cada uno comerá hasta el cansancio del fruto de sus palabras.
Nuestras palabras son fuente creativa de bienes o de males. Todo, absolutamente todo lo que sale de nuestra boca, tiene el poder de conducirnos por caminos deleitosos ó por lugares escabrosos.
Debemos cuidar con esmero lo que sale de nuestra boca. Dirigir con total intención cada palabra que quiere salir con ímpetu, por emoción o por impulso, sobre todo, en los momentos más difíciles y de presión, pues en esos momentos podrían llegar a ser palabras que traigan una gran calma apacible, o por el contrario, aumentar un gran incendio como cuando se le echa gasolina.
¿Lo que decimos bendice a nuestro alrededor o todo lo contrario?
¿Nuestras palabras están dando buen testimonio del cristiano que somos?
Es importante resaltar algo: nuestras palabras, todo lo que sale por nuestra boca, hace gala del protagonista de nuestro corazón, es decir, la boca es el eco del corazón.
Procura pues que tú corazón sea lleno de la Palabra de Dios. Un corazón lleno de Su Palabra es una boca llena de promesas. Un corazón que abunda en Palabra de Verdad, es una boca que iluminará con sabiduría. Tú mejor tesoro dentro de ti, será tu mejor Palabra en tu boca.
¡Recuerda que el fruto que cosecharás mañana, será la semilla de tus palabras hoy!
Toma un tiempo para orar
Mi Señor amado, hoy quiero pedirte perdón por cada palabra que ha salido de mi boca y no ha sido de bendición. Le pido al hermoso Espíritu Santo que me ayude a tener dominio propio para controlar mis impulsos y emociones, y así poder decir las palabras correctas en todo momento. Declaro que mi boca es una fuente de bendición y no de maldición, en el poderoso nombre de Jesús. Amén.
Es para mí una batalla diaria me es difícil no decir una mala palabra cuando algo me sale mal aunque recapacite y pida perdón a Dios inmediatamente pero que debo trabajar en esa área gracias a Dios por este devocional