Humillación, un acto de obediencia
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Humillación, un acto de obediencia
«Se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una cruz como morían los criminales».
La humillación es un acto de obediencia. Una vida que se humilla a Dios, es una vida que se hace obediente a Él. Una vida humillada ante el Señor es una vida sensible para ser obedientes en todas las áreas de su vida. El humillarnos nos lleva a dar frutos de obediencia.
Humillarse es un principio del reino de los cielos. Estamos llamados a humillarnos bajo la poderosa mano de Dios (1 Pe 5:6). Esto traerá consigo el menguar de nuestra voluntad y la exaltación de la voluntad divina, para la cual hemos sido formados y llamados.
Juan entendió esto. Él se humilló en obediencia a Dios y a Su voluntad durante toda su vida y mientras ejerció su llamado. Llegó a ser el hombre que preparó el camino del Hijo de Dios, pero también entendió cuándo había llegado el tiempo de menguar, donde su papel protagónico de la historia había llegado a su fin y donde debía humillarse esta vez, en cuanto a su posición para hacerse menos visible, bajarse de la palestra y seder para dejar entrar al Jesús el Mesías.
Jesús, el Hijo de Dios, ya traía consigo el ADN de la obediencia y ahora estaba en la tierra por un acto de rendición que le daría paso a un acto de redención. La humillación en Jesús era parte del precio a pagar por la humanidad. Tu y yo fuimos considerados por Amor, antes de que ese acto de humillación se diera en la tierra hasta llegar a la cruz.
Humillarnos por amor hacia alguien, por restauración, por el bien mayor, por levantar de nuevo el ánimo, por traer bien al hogar, por levantar el gozo familiar. Humillarnos aún cuando no seamos los culpables en un asunto, pero donde entendemos que si hay que humillarse, vendrá restauración.
Hay pasos que debemos dar en la búsqueda de la intervención divina. Dejar a una lado el tener la razón, y darle paso a la humillación, traerá una victoria grande y estruendosa. Si no hay alguien que se humille, no habrá alguien, una familia o un lugar donde Dios obre y haya restauración.
¿Crees que Dios te está llamando a humillarte? ¿A dónde? ¿Por qué?
Todo acto de humillación es un precio que se paga para dar paso al Amor de Dios. Cada vez que el Señor nos insta a humillarnos, nos está invitando a obedecer Su voluntad. Cada acción de humillación, es una acción de obediencia que nos hacer morir al yo y vivir al Espíritu, y donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad.
Toma un tiempo para orar
Mi amado Señor, hoy quiero pedirte perdón por cada vez que he sido soberbio, arrogante u orgulloso, y por toda actitud que me impide humillarme ante Ti. Me despojo de todo e inclino mi corazón, humillándolo delante de Ti. No lo hago como un acto de deshonra, sino como un acto de reconocimiento hacia Ti, mi amado Jesús. Tú eres mi Señor, mi Salvador, mi todo. Por eso decido menguar para que Tu voluntad, buena, agradable y perfecta, se haga en mi vida. Amén.