Sube a encontrarte conmigo
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No fui llamado para vivir en esclavitud
No fui llamado para vivir en esclavitud en ningún ámbito de tu vida, ¡porque a libertad te llamó el Señor!

La gloria de Dios
No aguardes a que las condiciones ideales se presenten, sino dedícate a buscar la gloria de Dios en todo momento y en cada situación.

Mi corazón me está engañando
¿Haz pensado alguna vez: mi corazón me está engañando? Nuestro corazón, ese lugar profundo y complejo, tiene una asombrosa capacidad para engañarnos.
Sube a encontrarte conmigo
El Señor dijo a Moisés: «Sube a encontrarte conmigo en el monte y quédate allí. Voy a darte las tablas de piedra con la Ley y los mandamientos que he escrito para guiarlos en la vida».
Consagrarse para Dios nunca ha sido, ni será fácil. Hay que pagar un precio. Muchos dicen que Jesús ya pagó el precio, y es totalmente cierto. Jesús hizo lo que nosotros nunca podríamos hacer. Ahora nosotros debemos hacer lo que nos toca hacer, ese es nuestro precio.
«Sube a la montaña», fue la orden de Dios. «Subirla», era responsabilidad de Moisés. «Subir» es una demanda, hay que esforzarse para hacerlo. No será fácil subir a la montaña. Hay que vencer los límites externos, los internos, en la mente, en el corazón y aún en lo físico, esto y mas debemos vencerlo para no desfallecer aún en medio del cansancio.
Hay un cansancio que se produce en la subida, esto es una realidad, es a causa del esfuerzo, el dedicarse a obedecer. Pero también hay una formación y llegará el momento en que el ejercicio de subir al monte ya no cansará, porque nos habrá fortalecido de tal manera, que subiremos determinados, esforzados y valientes.
En el camino de subida se demandaba esfuerzo de parte de Moisés. No debía llegar a un trecho, a una parte, a donde él lo viera conveniente. Moisés debía subir hasta arriba, hasta la cima, pues ahí le esperaba un encuentro con propósito en Dios.
La motivación al logro de Moisés era la recompensa de su esfuerzo. Sin esfuerzo no hay recompensa. Nunca será igual el que sube una pequeña montaña como «El Ávila» de 2.765 metros de altura, que aquel que sube la montaña «Everest» de 8.849 metros de altura. Nunca será igual un corredor de 5km a un corredor de 42km. Los niveles de esfuerzo son diferentes, y los niveles de recompensa también lo son.
Nunca será lo mismo aquel que ora cinco minutos, que aquel que ora sesenta minutos. Los niveles de esfuerzo son diferentes, son mayores. Igualmente los niveles de recompensa serán mayor.
Nuestro esfuerzo es parte de la obediencia. Sin obediencia no hay esfuerzo, sin esfuerzo no se sube, sin subir no hay manifestación, sin manifestación no hay tablas, sin tablas no hay guía, y sin guia, no hay una vida agradable.
El esfuerzo será vinculante al llamado. Un gran llamado, requiere un gran monte, por lo tanto un gran esfuerzo, esto se traduce a una gran recompensa.
Si perseveramos hasta llegar a la cima, entonces veremos la manifestación de la dádiva divina expresada. Él nos dará las tablas (mandamientos) para guiarnos en esta vida y hacia el cumplimiento de la meta de nuestro propósito.
Toma un tiempo para orar
Mi Señor quiero darte gracias por el llamado a esforzarme que me haces hoy. Anhelo poder llegar a la cima de la oración, de la obediencia, del servicio a ti para encontrarme contigo cada día mi Dios amado. Renueva mis fuerzas para seguir adelante, quita el cansancio y todo lo que esta intentando impedir que continúe avanzando hacia lo que tienes preparado para mi. En el nombre de Jesús, Amén.