Un corazón puro
Inicio > Devocionales > Temporada 3 >
Compartir
Entérate...

Destinados para las alturas
Dios nos compara con ovejas porque dependemos de él y nos compara con águilas porque estamos destinados para las alturas, para movernos de niveles a dimensiones

Eres libre para llevar libertad
Eres libre para llevar libertad. Tu libertad viene de aquel que te ha amado más de lo que imaginas.

En Dios todos tenemos un propósito
Jehová escoge los vientres para traer propósito y dar cumplimiento. Hemos nacido por un plan. En Dios todos tenemos un propósito.
Un corazón puro
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu firme dentro de mí.
Somos personas imperfectas, con corazones que pueden estar llenos de temor, dolor, tristeza, rencor, falta de perdón, etc. Corazones que, en nuestra humanidad, tienden al pecado y a cometer errores, que muchas veces terminan en problemas y dificultades para nosotros.
Esto sucede porque nuestros corazones se han mezclado y contaminado con los deseos y sentimientos de este mundo. Antes de entregar nuestra vida a Jesús, nos dejamos llevar por el comportamiento errático, viciado y lleno de pecado que el mundo llama «lo correcto». Esto fue produciendo heridas, cicatrices y llenando de inmundicia el corazón puro que Dios nos ha dado.
Hoy, siendo cristianos, necesitamos evaluarnos y dejar que el Señor escudriñe nuestro corazón y así determinar esos comportamientos, deseos, anhelos, sentimientos, etc., asociados a nuestra vida pasada que están contaminándonos y aún nos inclinan a pecar. Así lo hizo el rey David, después de pecar, reconoció su pecado delante de Dios y entendió que en su corazón había cosas que aún lo contaminaban y lo estaban llevando a fallarle a nuestro Señor, por eso le pidió al Padre que le diera un corazón limpio y un espíritu firme lleno de dominio propio para no seguir fallando.
David fue el hombre conforme al corazón de Dios no porque era perfecto, sino porque siempre tuvo la humildad para reconocer sus errores ante nuestro Señor y pedir perdón con un corazón en total rendición y humillación a Él.
Nosotros como cristianos, tampoco somos perfectos, por eso necesitamos reconocer ante Dios todo lo que hay en nuestro corazón que no agrada a Él y que nos está contaminando. No importa si tenemos pocos días o muchos años en el evangelio, es necesario pedir perdón y presentar nuestras fallas y pecados ante nuestro Señor y pedirle que nos limpie de nuestra maldad y nos dé un corazón limpio que anhele hacer su voluntad.
Un corazón puro trae recompensa de parte de Dios (Mateo 5:8). Dejemos que Él obre y haga como quiera en nuestras vidas; mientras más nos acerquemos a Él y le entreguemos todo derecho legal, nos limpiará y purificará de nuestra maldad.
Toma un tiempo para orar
Papá, hoy vengo ante ti a reconocer mis errores, fallas y todo lo que hay en mi corazón que me contamina y me aleja de hacer tu voluntad. Reconozco que he albergado dentro de mí: odio, envidia, rencor, orgullo, inmoralidad, vanidad y muchas otras cosas que solo tú conoces, Padre. Perdóname y ayúdame a limpiar mi corazón de todo esto, mi Señor. Te pido, mi amado Jesús, que me des un corazón puro y declaro lo que dice tu palabra: tú me has dado espíritu de poder, de amor y de dominio propio. Amén.